¿Eres un contador público con propósito?

En este día tan especial para todos mis amigos contadores, me surge la pregunta de qué tan atinada ha sido la decisión de dedicarnos a un oficio que pudiera parecer ingrato.

Sentados más de 10 horas en una oficina que por lo general no tiene ventanas o una vista relajante, comiendo cualquier cosa cuando se puede, con deudas de sueño y cuidándole las espaldas a gente que por lo general nos ve como un mal necesario, en lugar de ser aliados.

Después de las experiencias vividas con los comprobantes digitales y la nueva plataforma de pagos electrónicos, conozco a varios que han pensado en traspasar su despacho.

No podemos ver la luz al final del túnel y nos dejamos vencer por la angustia.

Un filósofo existencialista llamado Alberto Camus se expresó así en un momento crítico: “Soy un hombre desilusionado y exhausto. He perdido la fe y la esperanza, desde el éxito de Hitler. ¿Será sorprendente entonces que, a mi edad, estoy buscando algo en que creer? Perder la vida es una cosa pequeña. Pero perder el sentido de la vida, observar que se desaparece la razón, es insoportable. Es imposible vivir una vida sin sentido”.

Después de tantas experiencias, preguntas esotéricas, críticas y la convivencia con contadores de todo el país, he llegado a la conclusión de que todos los cambios y nuevas herramientas son parte de un proceso, para identificar a los que hemos nacido para este oficio.

No conozco las inquietudes de tu corazón, pero lo que sí tengo claro, es que por el hecho de hacer todos los días el esfuerzo de levantarte, cumplir con tu trabajo y ponerte a estudiar, haz nacido para ser CONTADOR.

Felicidades
Y no sólo en esto, sino también en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza. Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón. (Romanos 5:3-4)